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UN BASTÓN ELECTRÓNICO QUE ES UN AMIGO CONTRA LA CEGUERA

Hace diez años pensando cómo la tecnología puede ayudar a las personas ciegas o con baja visión en el día a día y tienen horas incontables de trabajo producido. Pero siempre que hacen una prueba con potenciales usuarios, algo nuevo se añade a este “proyecto en constante evolución”. En el caso de que se produzca un cambio en la calidad de la información, se debe tener en cuenta que, también tiene una misión social. “Hace poco Isabel dijo una cosa que no habíamos pensado: no importa sólo llegar al lugar”, empieza por contar. Por ejemplo, si un ciego quiere ir al WC en un centro comercial el dispositivo no puede limitarse a decir cómo va hasta allí: “Tiene que explicar también que llegó y el cuarto de baño está a la izquierda oa la derecha.”

 

Isabel Claro nació sin problemas de visión. Pero, a los dos años, un diagnóstico repentino se volvió del revés a la vida de los padres y de la niña de Vila Real: tenía síndrome de Laurence Moon, una rara enfermedad genética que origina, entre otras cosas, retinosis pigmentaria. La degeneración de la retina fue progresiva. Isabel aún completó el 12º año sin ningún apoyo especial, hizo una vida casi autónoma “hasta los 22 o 23 años”. Después, la pérdida de visión se acentuó. Sus días estaban contados

 

Tesorero de la Asociación de Ciegos y Deficientes Visuales de Portugal (Acapo) en Vila Real, Isabel Claro, 35, no se rendirá aun con el síndrome que tiene. Es pertinente mencionar que de acuerdo con el censo de 2011, se realizará en Portugal 900 000 personas con alguna dificultad en la visión. Y 28 mil personas ciegas. “Es un prototipo muy bueno”, reacciona minutos después de la prueba de un bastón electrónico con sistema de visión artificial hecho en los corredores de la universidad transmontana. El “arsenal” – como le llama Hugo Fernandes cuando se acerca a Isabel Claro para retirarle el dispositivo – es aparatoso.

 

El palo incluye un mango hecho con la impresión en 3D que se centra toda la electrónica, un lector de etiquetas RFID (siglas de “identificación por radiofrecuencia”, algo así como la identificación por radiofrecuencia, en portugués), una antena para mejorar el sistema un joystick donde se controla todo el sistema, un emisor de señales sonoras, un desencadenador háptico (que permite que el bengala vibre), un transmisor Bluetooth y una batería.

 

Pero no queda por aquí. Para funcionar, el bastón tiene que interactuar con una aplicación móvil de navegación (en tablet o smartphone). Y es a través de ella que el bengala obtiene la ubicación del usuario (recurriendo a un sistema de GPS, Wi-Fi y visión por ordenador), almacena información geográfica, calcula rutas e identifica y comunica puntos de interés. Isabel Claro sonríe al saber que el investigador Hugo Fernandes ya anotó una de sus sugerencias. Cuando hizo su primera prueba señaló el tamaño “demasiado grande” de la tableta que tenía que usar. Ahora, sugiere nuevas afinaciones: “Cuando me acercaba a la máquina de los alimentos, el dispositivo me dijo que estaba a 200 metros, a las dos horas. Sugerí que en vez de este sistema de las horas, que no todo el mundo domina, dijese sólo que estaba ligeramente a la derecha. Es más simple.

 

 

 

El mercado y el interés autárquico
Cuando Juan Barroso, investigador principal, comenzó a esbozar este proyecto, tenía idea de desarrollar algo centrado en algoritmos y visión artificial, su área de especialización central. Pero después el plan se ensanchó. La investigación está ahora a un paso del mercado. Tiene un acuerdo rubricado con una empresa, que podrá comercializar el bastón por un valor que rondará los 300 euros. Y una asociación con una autarquía (aún en el secreto de los dioses) que quiere instalar pronto un “demostrador” para ser usado por cualquier persona ciega. En un centro comercial, en un museo, en un centro histórico: el prototipo está listo para estos desafíos, a pesar de algunas “afinaciones” que faltan.

 

Una década de trabajo está llena de avances y retrocesos, de errores y aciertos. Es que si la premisa era simple (como usar tecnología ya existente para ayudar a las personas ciegas?), La respuesta no tanto. “Los primeros cinco años fueron a partir piedra”, va explicando el becario Hugo Fernandes. Y si hubo cosas que “vinieron por casualidad y funcionaron”, otras surgieron después de mucho trabajo y “tuvieron que ser olvidadas”. Es el caso de las etiquetas RFID, “un foco importante” de la investigación durante mucho tiempo que ahora se limitan a identificar “situaciones de peligro”, como proximidad de escaleras, haciendo vibrar el bastón, explica João Barroso, de la UTAD y del Inesc Tec.

 

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